Objeciones contra la vocación

    Podemos decir que, en general, las dificultades provienen de tres sectores: 1º- De los hombres mundanos, 2º- de los familiares carnales y, 3º- del propio candidato. Aunque muchas veces las dificultades se intercambian.

De los hombres mundanos en general

    La tentación más grande es pedir consejo a muchos y dejar pasar mucho tiempo, o sea, la dilación. Muchos aconsejan demorar la decisión de concretar la vocación, como si el mero hecho de aplazar y demorar por el paso del tiempo fuese a solucionar el problema: “Si los problemas se solucionasen con sólo dejar pasar el tiempo, no harían falta gobernantes”. Sostiene San Juan Bosco que “quien encuentra excusa una vez para demorar la vocación, casi seguro que nunca la concretará porque siempre encontrará nuevas excusas”1.

    Son muchos los que quieren sostener este tremendo engaño excusándose falsamente en textos de la Sagrada Escritura:
    - Algunos argumentan con la frase de San Juan que dice no creáis a todo espíritu, mas examinad a los espíritus si son de Dios (1 Jn 4, 1), queriendo mostrar que conviene dilatar la reflexión hasta el infinito, pretendiendo tener una certeza metafísica de la vocación.
    Hay que examinar siempre y todo lo necesario, pero en materias dubitables las cosas ciertas no necesitan discusión: “el que pide el ingreso no puede dudar de que su vocación venga de Dios, de quien es propio conducir al hombre por caminos rectos (Sal 142, 10)”2. Por eso es triste ver que algunos se apoyen en una larga y excusante deliberación para no hacer lo que saben Dios les inspira.
    En última instancia, es a quienes compete admitir a quienes corresponde discernir, es decir hacer la “crítica” para ver si el candidato es movido por el espíritu de Dios o si obra por engaño, si es el deseo de perfección espiritual lo que lo mueve o si solamente -como a veces sucede- es la vanidad de espiar o intrigar3.

    Dicen: Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Cor 11, 14) y así embauca a los incautos con apariencia de bien; por eso es menester deliberar largo tiempo.
    Es cierto, muchas veces Satanás sugiere “bienes” con intención de engañar, sin embargo hay que saber que sólo puede engañar a los sentidos corporales, ya que en el centro del alma sólo penetra Dios. El deseo auténtico e interior de consagrarse a Dios no puede provenir sino del Cielo.
    Aún el caso en que el demonio, fingiéndose bueno obrara y hablara como un ángel bueno, no se caería en un error peligroso o funesto haciéndole caso, cuando se trata de la vocación consagrada. El ingreso en religión es de suyo una obra buena y propia de ángeles buenos. No hay ningún peligro en seguir en este caso su consejo. Don Bosco decía que “La vocación religiosa debería abrazarse aunque viniese del demonio, porque siempre debe seguirse un buen consejo aunque nos venga de un enemigo”4. Sólo habría que resistirse en caso de que nos incite a soberbia o a otros vicios.
    Hay que advertir que si el diablo -y aún un hombre- sugiere a alguien entrar en religión, “tal sugestión no tiene eficacia alguna si no es atraído interiormente por Dios”5. De tal manera que “sea quien fuese el que sugiere el propósito de entrar en religión, siempre este propósito viene de Dios”6.

    Lo que puede tener mal resultado hay que examinarlo pidiendo consejos detenidamente, no se puede entrar en religión con el peligro de apostatar o llegar a la desesperación.
    A este error respondemos con Santo Tomás7 diciendo que el mal resultado puede provenir de la cosa misma o del hombre que la realiza.
    Si proviene de la cosa, hay que considerar que si el peligro es frecuente, es necesario deliberar; pero si el peligro sólo existe en contados casos (como sucede con la vocación), no es necesaria una larga deliberación, sino un poco de cuidado y cautela para no caer en él alguna que otra vez. De lo contrario no se podría emprender ninguna obra humana: el que al viento mire no sembrará, y