Podemos decir que, en general, las dificultades provienen de tres sectores: 1º- De los hombres mundanos, 2º- de los familiares carnales y, 3º- del propio candidato. Aunque muchas veces las dificultades se intercambian. De los hombres mundanos en general La tentación más grande es pedir consejo a muchos y dejar pasar mucho tiempo, o sea, la dilación. Muchos aconsejan demorar la decisión de concretar la vocación, como si el mero hecho de aplazar y demorar por el paso del tiempo fuese a solucionar el problema: “Si los problemas se solucionasen con sólo dejar pasar el tiempo, no harían falta gobernantes”. Sostiene San Juan Bosco que “quien encuentra excusa una vez para demorar la vocación, casi seguro que nunca la concretará porque siempre encontrará nuevas excusas”1. Son muchos los que quieren sostener este tremendo engaño excusándose falsamente en textos de la Sagrada Escritura: Dicen: Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Cor 11, 14) y así embauca a los incautos con apariencia de bien; por eso es menester deliberar largo tiempo. Lo que puede tener mal resultado hay que examinarlo pidiendo consejos detenidamente, no se puede entrar en religión con el peligro de apostatar o llegar a la desesperación.
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