1. Sublimidad del estado de vida consagrada
La entrada misma en religión representa, evidentemente, un bien mejor, y quien duda de esto, dice Santo Tomás, "contradice a Cristo"1, que la hizo objeto de un consejo evangélico. En otra parte enseña el Angélico que es "injuriar a Cristo"2 no darse cuenta que la vocación consagrada es un bien mayor. De ahí que diga San Agustín: "Te llama el Oriente", es decir Cristo, "y tú atiendes al occidente"3, es decir, al hombre mortal y capaz de error4. Respondiendo a la siguiente objeción, "si es aconsejable entrar en la vida religiosa sin antes haber pedido el parecer de muchos y haberlo pensado por mucho tiempo", responde Santo Tomás que: "...el que pide el ingreso no puede dudar de que su vocación venga de Dios, de quien es propio 'conducir al hombre por caminos rectos' (Sal 142, 10)"5. 2. Temor de que falten fuerzas Santo Tomás dice, haciendo alusión al miedo de que falten las fuerzas necesarias para perseverar en la vocación: "Tampoco hay aquí lugar a duda ya que los que entran en religión no confían en sus fuerzas para perseverar, sino en la ayuda divina. Así, dice Isaías: 'Los que esperan en el Señor recibirán nuevas fuerzas; andarán y no sentirán fatiga' (40, 31)"7 3. Prontitud en seguir la vocación. Santo Tomás se pregunta si es aconsejable entrar en la vida religiosa habiendo antes pedido el consejo de muchas personas y luego de haberlo pensado por mucho tiempo. Y responde que es aconsejable lo contrario, o sea, no pedir consejo a muchas personas, ni dejar pasar mucho tiempo. El consejo y la deliberación se necesitan en las cosas de bondad dudosa, pero no en ésta, que es ciertamente buena, porque es aconsejada por el mismo Jesucristo. De lo cual nos dieron ejemplo los Apóstoles: San Pedro y San Andrés, a la llamada de Jesús, "inmediatamente, dejadas las redes lo siguieron" (Mt 4, 20); y San Pablo contando su vocación dice que respondió: "...al instante, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, ..."(Gal. 1, 16). Comenta San Juan Crisóstomo: "Cristo nos pide una obediencia tal, que no nos detengamos ni un instante"11. a- Los hombres mundanos. b- Aún en la hipótesis que fuese una tentación del Diablo.
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