«Los Ejercicios Espirituales representan un camino y un método particularmente precioso para buscar
y encontrar el rostro de Dios, en nosotros, y a nuestro alrededor y en todas las cosas, para conocer su voluntad y ponerla en práctica» (BenedictoXVI, 21/2/2008).
«Los Ejercicios son todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo, como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos» (S. Ignacio de Loyola).
«Queremos imitar al Verbo Encarnado también en su retiro de 40 días, para vencernos a nosotros mismos y ordenar la propia vida según Dios. Para ello queremos conocer en profundidad los mismos Ejercicios y prepararnos para predicarlos con fruto, disponiéndonos generosamente sin dejar la oportunidad de predicarlos según ocasión. Ya que los Ejercicios Espirituales son uno de los apostolados preferenciales, que en la dimensión espiritual, realiza nuestro Instituto» (Dir. Ejercicios Espirituales,1).
«Por Ejercicios Espirituales “se entiende todo modo de examinar la consciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental, y de otras espirituales operaciones... Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, por la misma manera todo modo de preparar y disponer el ánima, para quitar de sí todas las afecciones desordenadas, y después de quitadas buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman ejercicios espirituales” (S. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 1). Así enseñaba San Ignacio de Loyola, genial creador, sistematizador y celestial patrono de los Ejercicios Espirituales».
«Para mayor gloria de Dios y para la salvación de las almas, la bondad del Creador, en su plan admirable, proporcionó a la Iglesia una singular ayuda por medio de San Ignacio de Loyola con la promoción ilimitada de los Ejercicios Espirituales» (Juan Pablo II, 1/6/1990).
«El cristiano
con el fuerte dinamismo de los Ejercicios es ayudado a entrar en el ámbito de los pensamientos de Dios, de sus designios para confiarse a Él, Verdad y Amor así como para tomar decisiones comprometidas en el seguimiento de Cristo, midiendo claramente sus dones y las responsabilidades propias» (Juan Pablo II, 16/12/1979).