Es propio de nuestro carisma dedicarle un tiempo a la eutrapelia o la recreación, reposo del alma
En nuestras casas de formación siempre hay un grupo de seminaristas que tiene por patrono al gran apóstol de la alegría, San Felipe Neri, encargado de animar nuestras fiestas con obras cómicas y cantos. «De la Resurrección del Señor surge un elemento que debe ser esencial en nuestra vida: la alegría que, en nuestro caso, debe manifestarse de manera especial, en la celebración del Día del Señor, el Domingo; en el sentido de la fiesta; y en la recreación, que nosotros llamamos eutrapelia» (p. Buela). «
El alma, a semejanza del cuerpo, se fatiga, y debe reposar. El reposo del alma es la delectación. De aquí que sea necesario procurar este reposo al alma, mediante los juegos y las fiestas, cuya moderación pertenece a la virtud de la eutrapelia, practicada en los momentos de recreación» (p. Buela).
«La formación no sólo debe ser ortodoxa en la doctrina, eso solo no basta; debe ser integral: se deben formar seminaristas que practiquen deportes; que trabajen; se debe practicar y fomentar la eutrapelia, es decir, que sean hombres no que tengan claro el verdadero sentido de la fiesta, que sean alegres» (p. Buela). «En el fondo la alegría brota de considerar que Dios es (Ex 3,14), que Cristo es: Ánimo, Yo soy (Mc 6,50), que la verdad prima sobre la mentira, el bien sobre el mal, la belleza sobre la fealdad, el amor sobre el odio, la paz sobre la guerra, la misericordia sobre la venganza, la vida sobre la muerte, la gracia sobre el pecado, en fin, el ser sobre la nada, la Virgen sobre Satanás, Cristo sobre el Anticristo, Dios sobre todo. “Dios es alegría infinita”(Santa Teresa de los Andes)» (p. Buela). «No hay motivo mayor de alegría que la Resurrección del Señor. Por eso en este misterio debemos alegrarnos, y nuestra alegría debe ser permanente. De aquí que en nuestros Institutos deben celebrarse como corresponde las grandes solemnidades, en especial la Octava de Pascua, los Domingos, los días de los Apóstoles y de Nuestra Señora» (p. Buela).
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