La formación

Podemos agrupar  la formación en cuatro rubros, a saber: lo referente a la formación humana, a la formación espiritual, a la formación intelectual, y finalmente a la formación apostólica y pastoral. Para esto no hay nada mejor que las enseñanzas de Juan Pablo II, que hacemos nuestras.

Formación humana
La formación humana es el fundamento de toda la formación religiosa y sacerdotal. La mala inteligencia de la relación entre naturaleza y gracia es la raíz de muchos males. La gracia no destruye a la naturaleza, sino que la sana, eleva, perfecciona, dignifica, ennoblece. La naturaleza no es sólo el soporte de la gracia, como mera condición exterior, sino que entra en la esencia de la identidad cristiana, y permanece perfeccionada. A la vez, la gracia trasciende a la naturaleza. La naturaleza se subordina a la gracia, como la potencia obediencial a su acto perfectivo. Lo natural tiene, pues, una autonomía relativa en subordinación a lo sobrenatural.

Formación espiritual
La vida espiritual debe entenderse “como relación y comunión con Dios”1. “La formación espiritual… debe darse de tal forma que los alumnos aprendan a vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo”2. Es, por lo tanto, una forma de amistad: no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer (Jn 15,15). Esta amistad tiene las características de una verdadera búsqueda3: el sacerdote debe ser un hambriento insaciable de Dios. Sin oponer nunca “la búsqueda de la verdad y la certeza de conocer ya la fuente de esa verdad”4. Esta búsqueda puede darse porque de alguna manera ya lo hemos encontrado, pero debemos hacer cada vez más íntima esta relación. Para este encuentro hay una triple vía5: la meditación de la Palabra de Dios, la participación en los Sagrados Misterios y la caridad fraterna, especialmente con los más necesitados

Formación intelectual
La formación intelectual de los futuros sacerdotes se plantea como algo urgente frente a la nueva evangelización y a los planteamientos modernos. Tal formación “es como una exigencia insustituible de la inteligencia con la que el hombre, participando de la luz de la inteligencia divina, trata de conseguir una sabiduría que a su vez se abre y avanza al conocimiento de Dios y a su adhesión”6. Esta formación implica dos momentos, uno ordenado al otro: el estudio de la filosofía y el de la Ciencia Sagrada.
Lugar preferente tendrá el conocimiento de Santo Tomás de Aquino, ya que hay que formar “bajo su magisterio”7, “teniendo como maestro principalmente a Santo Tomás”8. Porque “iluminó más a la Iglesia que todos los otros doctores.

Formación pastoral

Aquí también el fin es Jesucristo, Pastor de pastores (1 Pe 5,4), en cuanto Él es el Sumo Modelo y en cuanto el rebaño es de Él: apacienta mis ovejas (Jn 21,16). Por eso “toda la formación de los candidatos al sacerdocio está orientada a prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de Cristo, Buen Pastor. Siendo el nuestro un Instituto que cuenta con ramas apostólicas, los emprendimientos pastorales son esenciales a las mismas. Sin olvidar jamás que no hay auténtica pastoral católica sin una profunda vida espiritual, sin una sólida formación doctrinal y sin una viril disciplina.
La sed de almas tiene que ser desde el mismo comienzo de la vida religiosa una dimensión que, paulatina y prudentemente, debe ir concretándose en la vida del candidato, del novicio y del profeso. Por eso la formación pastoral debe incluir un aprendizaje pastoral armónico a través de una experiencia inicial y progresiva en el ejercicio del ministerio.