Misiones «ad Gentes»

«La misión que la Iglesia recibió por medio de los Apóstoles es una misión universal que no conoce confines y que concierne a la salvación en todos sus aspectos, de conformidad con la plenitud de vida que Cristo vino a traer. Ante todo, se da la actividad misionera que llamamos misión «ad gentes»; se trata de una actividad primaria de la Iglesia, esencial y nunca concluida. En efecto, la Iglesia “no puede sustraerse a la perenne misión de llevar el Evangelio a cuantos -y son millones de hombres y mujeres- no conocen todavía a Cristo, Redentor del hombre” (Christifideles Laici, 35)» (Dir. de Misiones «ad gentes» 61.62).

«Existen todavía grandes áreas en que las Iglesias locales o no existen en absoluto o son insuficientes con respecto a la extensión del territorio y a la densidad y variedad de la población; queda por realizar un gran trabajo de implantación y desarrollo de la Iglesia. Esta fase de la historia eclesial, llamada plantatio Ecclesiae, no está terminada; es más, en muchos agrupamientos humanos debe empezar aún.
La responsabilidad de este cometido recae sobre la Iglesia universal y sobre las Iglesias particulares, sobre el pueblo de Dios entero y sobre todas las fuerzas misioneras. Cada Iglesia, incluso la formada por neo-convertidos, es misionera por naturaleza, es evangelizada y evangelizadora, y la fe siempre debe ser presentada como un don de Dios para vivirlo en comunidad (familias, parroquias, asociaciones) y para irradiarlo fuera, sea con el testimonio de vida, sea con la palabra» (Redemptoris Missio, 49).