El Oficio Divino

“El cántico de alabanza que resuena eternamente en las moradas celestiales y que Jesucris¬to, sumo Sacerdote, introdujo en este destierro ha sido continuado fiel y constantemente por la Iglesia” .

Este cántico de alabanza constituye la Liturgia de las Horas, en la que la “función sacerdotal (de Cristo) se prolonga a través de su Iglesia, que sin cesar alaba al Señor e intercede por la salvación de todo el mundo…” . La Liturgia de las Horas, “fuente de piedad y alimento de la oración personal” , debe realizarse con la convicción de que “todos aquellos que ejercen esta función… mientras alaban a Dios, están ante su trono en nombre de la madre Iglesia” . En esta oración, “complemento necesario del acto perfecto del culto divino que es el sacrificio eucarístico” , es necesario “que… reconozcamos nuestra propia voz en Cristo y su propia voz en nosotros” . De ser posible hay que intentar realizar en común el rezo de Laudes y Vísperas.