En particular San Juan Evangelista, es el modelo de las vocaciones de niños y jóvenes, no lo experimentó «todo», pero respondió generosamente y prontamente al Señor que también lo llamaba desde temprana edad y por eso mereció el nombre de «el discípulo amado»; tal apelativo dice Santo Tomás «nos da a entender cómo ama Dios de modo especial a aquellos que se entregan a su servicio desde la primera juventud». Cf. In Iohannem Evangelium Expositio, c. 21, lect. V, 2. P. Buela en el Directorio de Seminarios Menores.
San Juan Bosco decía: En la misma línea dirigiéndose a los salesianos decía: «Pero lo que mayormente os recomiendo son los jovencitos de buena índole, amantes de las prácticas de piedad, y que dejan entrever alguna esperanza de ser llamados al estado eclesiástico. Sí, interesaos vivamente por estas esperanzas de la Iglesia, haced lo posible, y diría lo imposible, para cultivar en estos tiernos corazones y hacer germinar el precioso germen de la vocación, dirigidlos a algún lugar donde puedan realizar sus estudios, y si son pobres ayudadlos también con los medios que la Divina Providencia os ha puesto en las manos, y que vuestra piedad y el amor de las almas os sabrán sugerir. Afortunados de vosotros si lográis proporcionar algún sacerdote a la Iglesia en estos tiempos en que de tal manera escasean los sagrados ministros» (Memorias Biográficas, XIV, 133), Cf. P. RICALDONE, Don Bosco Educador, Buenos Aires 1954, T. I, p. 71. Santo Tomás advierte que los peligros del mundo son muchos «in saeculari vita imminent multa pericula» y por los cuales el ejercicio de las virtudes viene impedido. Por eso es más seguro que uno desde el principio (es decir desde niños) rompa con estos impedimentos mediante la observancia de los consejos. Cf. Quodl., IV, q. 12, ad. 21. Con el fin de proteger las vocaciones de los niños se han erigido los Seminarios Menores: «Precisamente los seminarios menores han sido “erigidos para cultivar los gérmenes de vocación” (Concilio Vaticano II, OT, 3). “El fin propio del Seminario Menor es ayudar a los adolescentes que parecen poseer gérmenes de vocación a que la disciernan más fácilmente y puedan responder a ella” (RF, 7). Vemos que se trata de ‘gérmenes de vocación’. El germen, el brote en una planta, todavía no está del todo definido, está despertando, es débil y sujeto a muchos avatares que le pueden impedir el crecimiento. Sucede algo análogo con la vocación en los más pequeños. El Seminario Menor ayudará a definirla, a precisarla, pero sobretodo a protegerla y ofrecerle un ambiente propicio para que se desarrolle» IVE, Directorio de Seminarios Menores, t. III, nn. 3 y 4. Quodl., IV, q. 12, a. 1, sostiene la licitud de inducir a los jóvenes a entrar en religión mediante la obligación de un voto: «así como los niños se pueden ligar al diablo mediante el pecado, así también, nada impide, se pueden ligar a Dios mediante un voto. Por lo tanto pueden obligarse con un voto a servir a Dios». El P. Maggiolo enseña: «Stante questa esclusiva origine della vocazione religiosa, è del tutto inutile insistere sulla capacità dei fanciulli a conoscere la portata delle rinunce essenziali alla vita religiosa racchiuse nei tre voti di povertà, castità ed obbedienza, poiché lo Spirito Santo che muove ben la conosce, ed anche la fa conoscere, al meno in quanto questi tre voti escludono gli ostacoli ad un più puro amore verso Dio. Quando a Giacinta, la più piccola dei tre pastorelli di Fatima, una vera santina, fu chiesto se sapeva ciò che vuol dire esser puri, rispose: Lo so bene. Santa Rosa da Lima che a cinque anni emise il voto di verginità, certamente conosceva ciò che quel voto comportava. Altrettanto si deve dire delle Beate: Osanna da Mantova, Maria Bartolomei de’ Bagnesi e Colomba da Rieti, che da fanciulline fecero lo stesso voto, le due prime ai 7 anni e l’ultima non appena decenne» M. MAGGIOLO, O.P., La Vocazione Religiosa…, pp. 52-53. Por si queda alguna duda, la frase de Santo Tomás
|
|||










