Vida religiosa

Vida comunitaria

La hermosura y los bienes de la vida fraterna en común son mucho más grandes que las dificultades que conlleva: ¡Oh cuán bueno y cuán dulce es el vivir los hermanos unidos! (Sal 133,1).

El voto de obediencia

Siguiendo el ejemplo del Verbo Encarnado, los miembros del Instituto se entregan a Dios totalmente por el voto de obediencia, mediante el cual el religioso hace don de su voluntad.

El voto de pobreza

Nuestro Señor, Camino que debemos seguir y ejemplo que debemos imitar, siendo rico se hizo pobre por amor vuestro, para que fueseis ricos por su pobreza (2 Cor 8,9). Y en su predicación nos enseña: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los Cielos (Mt 5,3), y para quien quiera alcanzar la perfección invita: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el Cielo, y ven y sígueme (Mt 19,21).

El voto de castidad

Imitando a Jesucristo, que habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (Jn 13,1), mediante el voto de castidad queremos ofrecer a Dios el holocausto de nuestro cuerpo y de todos nuestros afectos naturales, viviendo “la obligación de la continencia perfecta en el celibato”75. Implica una elección preferencial del amor exclusivo a Dios, ya que libremente hemos elegido ser de los eunucos que a sí mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos (Mt 19,12).

Materna esclavitud de amor

Este cuarto voto que hacemos, junto a los de castidad, pobreza y obediencia, implica una total entrega a María para servir mejor a Jesucristo.

El hábito religioso

 

Los religiosos de nuestro Instituto han de vestir el santo hábito, que es signo de su consagración y testimonio de su pobreza.

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