«El domingo 3 de mayo de 1981, mientras estaba confesando en
la vieja capilla de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Villa
Progreso (Buenos Aires), creo que antes de la Misa de 11 horas, ante
el gran número de penitentes a quien sólo yo podía atender por unos
pocos minutos, me vino un pensamiento, que rechacé inmediatamente
como distractivo, sobre la necesidad de contar en las Parroquias
con comunidades sacerdotales..jpg)