Tercera Orden

Con el fin de dar una respuesta a las múltiples y polifacéticas 'vocaciones', o sea 'diversos caminos espirituales y apostólicos que afectan a cada uno de los fieles laicos', tal como urgen insistentemente la Iglesia y el Papa, se ha querido dar origen a la Tercera Orden Secular del Instituto del Verbo Encarnado.
Como Instituto de Vida Consagrada queremos asociar a nuestra familia a todos aquellos laicos que deseen participar y enriquecer el tesoro espiritual del Instituto del Verbo Encarnado mediante los distintos compromisos seculares (Niveles de pertenencia), para que sean como una nueva Encarnación del Verbo en el ámbito que les es propio, informando toda la realidad con la luz y la victoria de la Encarnación.

NIVELES DE PERTENENCIA:
Con el deseo de dar cabida a las distintas vocaciones laicales, la Tercera Orden Seglar del Instituto del Verbo Encarnado se estructura en niveles de acuerdo al grado de compromiso por parte de los miembros, para que según el propio llamado participen y acrecienten el tesoro espiritual de las distintas ramas ya fundadas, y para que todos en su medida hagan el bien y produzcan frutos de santidad.
Los niveles se estructuran de acuerdo al grado de unión que los miembros poseen hacia el Instituto del Verbo Encarnado. En estos niveles quieren encauzarse las distintas vocaciones con las cuales Dios llama a los seglares.
1- Los laicos consagrados:
El Instituto del Verbo Encarnado tiene asociados en su primer grado a aquellos fieles laicos que aspiran a la perfección evangélica según el espíritu del Instituto, participando de su misión, obligándose libremente por medio de votos privados o por algún otro vínculo sagrado. Son miembros privilegiados dentro de la Tercera Orden Secular, y por tanto gozan de derechos y obligaciones particulares, pues son quienes con la consagración de su vida, con sus oraciones y sacrificios, acrecientan en abundancia el tesoro espiritual del Instituto.
Como laicos viven en el siglo, en todas y cada una de las ocupaciones del mundo. Dentro de la dignidad y responsabilidad laical han dado todo a Dios. Tales son aquellos laicos consagrados en exclusividad a Dios que se unen a El mediante el voto de virginidad voluntario y perpetuo por amor del reino de los cielos (Mt 19,12). Junto con la profesión se comprometen al uso de aquellos medios, que acordes con la condición laical, les permitan el pleno cumplimiento de sus promesas, como la dedicación a la oración, la lectura de la Sagrada Escritura, la participación de la Eucaristía, la recepción frecuente del sacramento de la penitencia, la dirección espiritual, la práctica de los ejercicios espirituales, etc.

2- Asociaciones de fieles y movimientos laicales:
El segundo nivel, constituido por distintos Movimientos laicales y asociaciones de fieles, cada uno con su propia organización, para que los laicos que quieran puedan asociarse para el apostolado y la misión, según las múltiples opciones, posibilidades y necesidades pastorales de los distintos lugares en donde estén plantados nuestros Institutos.
Es nuestro deseo dar acogida a todos aquellos fieles entusiastas, que impregnados del deseo ardiente del corazón de Cristo, deseen asociarse y emprender diferentes uniones con el fin de inculturar el evangelio, mediante obras apostólicas y de caridad, promoviendo el culto divino y la vida cristiana, de acuerdo a la variedad de carismas, situaciones o funciones que Dios quiera suscitar en el laicado católico. Grupos que de acuerdo a sus estatutos y bajo la guía de asesores del Instituto del Verbo Encarnado puedan implantar en todas las culturas la impronta de la Buena Nueva que Cristo vino a traer a la tierra.

3- La hermandad del Verbo Encarnado:
El tercer nivel, está constituido en forma amplísima por todos aquellos fieles cristianos laicos o sacerdotes seculares de todo el mundo que siendo amigos, bienhechores, simpatizantes, familiares, etc., quieren compartir con nosotros el espíritu de nuestra familia religiosa, formando parte de la hermandad del Verbo Encarnado.
Son miembros vivos de la Tercera Orden Seglar, que desde las partes remotas del universo se encuentran unidos por los vínculos de la oración y la Caridad, en un mismo amor a Dios y a la Congregación.
Están destinados a manifestar al Verbo Encarnado de forma individual, en el ambiente propio de cada uno, en las propias familias, trabajos, estudios, profesiones, parroquias y en los demás ámbitos seglares que estén a su alcance.