Sobre la Vida Contemplativa en el Instituto del Verbo Encarnado.

 Toda la vida de los religiosos, sean estos de vida apostólica como los contemplativos tiene que estar ordenada a la contemplación, como enseña S. Tomás1. Evidentemente esto es válido  para todos los religiosos del IVE, Congregación misionera que tiene por fin –Evangelizar la cultura-, y que cuenta con dos ramas masculinas y una femenina, estas a su vez, tienen miembros que viven en el estado de vida apostólica y algunos en el estado de vida contemplativa

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     La relación de la Rama Monástica Masculina, con la Rama Apostólica Masculina, no sólo es espiritual, sino también jurídica, pues reconocemos y tenemos un mismo y único superior General, de él dependemos en todo lo que se refiere al Gobierno de los Monasterios.
     
     Como miembros de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, poseemos el mismo carisma, el mismo fin específico, la Evangelización de la cultura. Difiere una rama de otra, en el modo y en los medios con los cuales cumplimos este fin.
     
     Nuestra finalidad será vivir sólo para Dios: éste es el enérgico resumen que proclama todo el deseo que Dios puso en el corazón de cada monje (el llamado, la gracia de la vocación) No sólo vivir en presencia de Dios, ni para las obras de Dios, sino vivir para sólo Dios.
     Dice nuestra RM2, «la rama contemplativa con su vida quiere fundar en el unum necessarium (Lc 10, 42) toda la obra del Instituto3 pues los religiosos dados únicamente a la contemplación contribuyen con sus oraciones a la labor misional de la Iglesia, “ya que es Dios quien movido por la oración, envía operarios a su mies, despierta la voluntad de los no cristianos para oír el Evangelio y fecunda en sus corazones la palabra de salvación” 4
     
     Para poder cumplir con el llamado que Dios ha hecho a cada monje, a saber, la unión amorosa con Él, los monjes toman el medio en sí más excelente y rápido, la profesión de los Consejos Evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, y el cuarto voto de esclavitud mariana, para imitar al Verbo de Dios, que en la Encarnación, silencioso y escondido se ofrece al Padre en el seno de María. De este modo, los monjes se convierten en testigos de los Trascendente, recuerdan al mundo que su fin no es él mismo sino su Autor y Creador, y hacen despertar y descubrir el atractivo de la nostalgia que el espíritu de todo hombre tiene de Dios.
     
     Queremos fundarnos en Cristo, y a El seguirlo, especialmente en el misterio de la Encarnación. Por este motivo, la Espiritualidad de la Encarnación es central en nuestra vida, por lo cual nos consagramos a contemplar y a vivir el misterio del Verbo Encarnado, especialmente en la máxima expresión de su anonadamiento que es la cruz.
     
     De ahí, la práctica de las virtudes del anonadamiento, silencio, humildad, penitencia; las virtudes de la trascendencia, fe, esperanza y caridad, vividas personalmente, y ayudados a adquirirlas por el cumplimiento de una Regla Monástica, que dispone todo para la realización de actos virtuosos, y por la ayuda de los demás miembros de la comunidad. Este es el motivo, que justifica el estilo de vida que llevamos: Cenobítico, Vida Fraterna en Común, bajo la autoridad de un Superior que hace las veces de padre de todos en el Monasterio.
     
     Este seguimiento de Cristo, encierra un deseo ardiente de conocerlo,
1. por el trato íntimo en  la oración,  
* personal, meditación, Lectio Divina, Contemplación
* Litúrgica, rezo comunitario del Opus Dei, Celebración del Santo Sacrificio de la Misa, Adoración Eucarística diaria.

2. Una sólida formación filosófica y teológica, especialmente en el seguimiento de la Doctrina de Santo Tomás de Aquino, el Magisterio de la Iglesia, los clásicos de la espiritualidad monástica, San Benito, Juan Casiano, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Luis María Grignion de Montforr, los grandes místicos de la Iglesia, Santa Teresa de Jesús, Santa Teresa del Niño Jesús, Edith Stein, etc.

Es un elemento fundamental la formación filosófica realista, fundada en el ser de las cosas, y a su vez una seria espiritualidad, buscando de adquirir un serio discernimiento de espíritus, a fin de evitar todo tipo de error, falsas espiritualidades y místicas, espiritualidades flojas o blandengues, sensibleras y pasteleras que no llegan nunca a la unión verdadera con Dios, que se da sólo en la fe.

     Este seguimiento de Cristo, lleva al monje a amar lo que Cristo amó y a odiar lo que Cristo odió. De ahí, el amor a las almas, por quien Cristo entregó su vida, odio al pecado y amor a los pecadores. De ahí, que el monje en unión con Cristo, Sacerdote y Víctima se ofrecerá a Dios para que por él todos los miembros de la Iglesia crezcan en Santidad, especialmente por el Papa y sus intenciones, haciendo penitencia y reparando los pecados propios, los delos miembros del Instituto y los de todo el mundo , pidiendo el perdón y la misericordia sobre todos5
     
     Dice nuestra Regla Monástica, Por tanto el monje que “Busca verdaderamente a Dios” deberá necesariamente participar del ardiente amor de Cristo por las almas: “Conscientemente o no el alma que busca verdaderamente a Dios es por lo mismo apóstol” Es decir, que el “monje es apóstol siendo monje” “Su deber, así como su principal negocio, es consagrarse a Dios en virtud de una función, por decirlo así, oficial, como víctimas y hostias propiciatorias por su salvación y la del prójimo”