Vida liturgica

Nuestra jornada está marcada por dos momentos principales: la Santa Misa y la adoración Eucarística.

En estos dos momentos se articula el rezo comunitario de la liturgia de las horas.
«Lo principal, lo más importante que debemos hacer cada día, es participar del Santo Sacrificio de la Misa. (...) En ella Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote, perpetúa en los altares de todo el mundo su Sacrificio redentor, de manera que los efectos de su Pasión alcancen a todos los hombres de todos los tiempos (...)» (Constituciones, 137).
«Queremos marcar un estilo de celebraciones litúrgicas como parte de nuestro carisma, celebraciones en las que se encarne el Verbo y en las que aparezca -sacramentalmente- Encarnado, en las que se resalte siempre la principal presencia y acción del Sacerdote principal, en las que se perciba que la esencial actitud del sacerdote secundario es la actitud orante, en las que todos los elementos visibles coadyuven al conocimiento esplendoroso de lo invisible » (Dir. Vida Litúrgica, 20).
«Nuestras celebraciones litúrgicas deben ser modélicas: por los ritos, por el tono espiritual y pastoral, y por la fidelidad debida tanto a las prescripciones y a los textos de los libros litúrgicos, cuanto a las normas emanadas de la Santa Sede y de las Conferencias Episcopales» (Dir. Vida Litúrgica, 21).
«(...) Adorar al Santísimo Sacramento es “el acto más excelente, pues comparte la vida de María en la tierra, cuando le adoraba en su seno virginal, en el pesebre, en la Cruz o en la divina Eucaristía” (San Pedro Julián Eymard)» (...) (Constituciones, 139).
«En el Pan Eucarístico está el mismo cuerpo nacido de María y ofrecido en la Cruz. La verdadera fe en la Eucaristía es la que suscita, despierta, alimenta, desarrolla, consuma y sostiene hasta el fin la vocación sacerdotal» (p. Buela).