El voto de obediencia

Siguiendo el ejemplo del Verbo Encarnado, los miembros del Instituto se entregan a Dios totalmente por el voto de obediencia, mediante el cual el religioso hace don de su voluntad.

 …aprendió por sus padecimientos qué es la obediencia (Heb 5,8). “Dice aprendió qué es la obediencia, esto es, cuán grave es obedecer, porque Él mismo obedeció en las cosas más graves y más difíciles: hasta la muerte de la cruz. Y así muestra cuán difícil es el bien de la obediencia. Porque los que no son expertos en la obediencia, y no la han aprendido en las cosas más difíciles, creen que obedecer es muy fácil. Pero para que sepas qué sea la obediencia, es necesario que aprendas a obedecer en las cosas más difíciles, y el que no aprende obedeciendo a estar sometido, jamás sabrá mandar bien cuando deba mandar”. Por ello, obedezca el que obedece y será bueno el que manda.
    Con el voto de obediencia se obliga a someter la propia voluntad a los Superiores legítimos, que hacen las veces de Dios cuando mandan algo según las Constituciones. Se compromete el religioso a obedecer en todo lo referente a la vida religiosa y apostólica al Superior, imitando en esto a Jesucristo, hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz (Flp 2,8). De esta manera el religioso se vuelve dócil al Espíritu Santo y tiene constantemente el alma pronta para todo lo que Dios disponga: Os rogamos, hermanos, que acatéis a los que laboran con vosotros presidiéndoos en el Señor y amonestándoos, y que tengáis con ellos la mayor caridad por su labor (1 Tes 5,12-13).

En el Superior el religioso debe ver a quien hace las veces de Jesucristo, como se nos enseña: Obedeced a vuestros jefes y estadles sujetos, que ellos velan sobre vuestras almas, como quien ha de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y sin gemidos (Heb 13,17). Tal obediencia es el elemento esencial de la vida religiosa, ya que el estado religioso es un aprendizaje y ejercicio para alcanzar la perfección, y en este aprendizaje se requiere el sometimiento a la dirección de otro. Este voto ofrece a Dios el bien más excelente, que es la propia voluntad, contiene a los otros votos, que se realizan por obediencia, y se refiere propiamente a los actos más relacionados con el fin de la vida religiosa, puesto que nadie es religioso sin este voto, aunque haya hecho los demás